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Historia de Montilla

La ciudad de Montilla a mediados del siglo XVIILA CIUDAD DE MONTILLA A MEDIADOS DEL SIGLO XVII - Acuarela de Pier María Baldi - Biblioteca Laurenciana de Florencia.

Los orígenes de la ciudad se remontan a comienzos del Paleolítico Inferior, como demuestra la existencia de numerosos útiles correspondientes a este periodo que se han hallado en el término municipal. Del Epipaleolítico, poco presente en otros pueblos campiñeses, se conservan restos dentro del término.

Tanto por su ubicación geográfica privilegiada, como por los restos arqueológicos conservados, durante la Edad Antigua debió de existir un núcleo de población importante. Y será en el periodo de la romanización, cuando los vestigios históricos dejen mayores testimonios arqueológicos.

Muchos historiadores identifican a Montilla con la ciudad romana de Munda donde el 17 de marzo del 45 a.C., se desarrolló la definitiva batalla entre las tropas de César y los partidarios de Pompeyo.

Durante la época musulmana su territorio se incluía en la Cora de Cabra y Córdoba y será reconquistada por Fernando III entre 1240-1241 y repoblada por gentes de León, pasando al linaje de la “Casa de Aguilar” en el siglo XIV.

Construida como villa fortaleza durante la baja Edad Media, pasa a ser la capital del Marquesado de Priego a principios del siglo XVI, momento en el que experimenta un auge económico y demográfico.

El Castillo de Montilla fue derribado a principios del XVI (1508) por mandato de Fernando el Católico como castigo al desacato del Ier Marqués de Priego. En este alcázar nace Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar, El Gran Capitán, en 1453. Sus definidas dotes de estratega le granjearon grandes victorias tanto en España como en Italia. Tras una dilatada vida de militar y estadista, pasó los últimos sus años en Loja y Granada, ciudad ésta donde murió en 1515.

En este siglo proliferaron las fundaciones religiosas: Franciscanos (1512), Agustinos (1520), Clarisas (1525), Jesuitas (1555), Concepcionistas (1580), de los que surgirán ilustres figuras religiosas como el patrono de la ciudad desde 1647, San Francisco Solano, nacido en Montilla en 1549 y fallecido en Lima en 1610.

A la villa también acudieron otras figuras relevantes como San Juan de Ávila, que permanece aquí hasta que muere en 1569; también la habitaron San Francisco de Borja, San Juan de Dios, Santo Tomás de Villanueva, San Alonso Orozco, así como importantes artistas y hombres de letras, entre ellos Miguel de Cervantes, el mestizo Inca Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora y Argote, Martín de Roa, etc.

A partir del siglo XVII se vive una fase de estancamiento y retroceso debido a las epidemias, malas cosechas y muertes. Sin embargo no se frenó ni el vigor religioso, como evidencia del asentamiento de otras órdenes como los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios, ni el florecimiento cultural con la instalación de dos imprentas y la presencia de grandes literatos y hombres de ciencia. Por otra parte Felipe IV concedió a la villa el título de ciudad en 1630.

Durante el siglo XVIII se inicia una etapa de recuperación demográfica. En 1711 tiene lugar la unión de la Casa Ducal de Medinaceli con el Marquesado de Priego, señores de la ciudad.

En el plano económico, la agricultura, la ganadería y las labores artesanales cubren las necesidades de la población, siendo arrastrada la ciudad por los cambios políticos e ideológicos ilustrados, que dominan el panorama español.En 1767 se produce la expulsión de la Compañía de Jesús, situación que redujo el alto nivel educativo existente en la ciudad gracias al colegio jesuita.

En el siglo XIX los acontecimientos vividos en el país tuvieron su reflejo a nivel local. En esta centuria ocurren acontecimientos tales como dos graves epidemias de cólera (1804 y 1834), la invasión francesa (1809), las medidas desamortizadoras del ministro  Mendizábal (1835), la presencia de la expedición de los generales carlistas Gómez y Cabrera (1836), la llegada del ferrocarril (1865), así como los graves sucesos de 1873, en la proclamación de la 1ª República.

En el siglo XX continúa la presencia republicana pero también hay que destacar la importancia del socialismo.

En la realidad socio-cultural destacó la figura del Conde de la Cortina, Don Francisco de Alvear, personaje notable en la ciudad, que patrocinó la venida de las congregaciones  Salesiana y de las Esclavas del Divino Corazón, dedicadas a la docencia, la vuelta de la Compañía de Jesús, y legó al pueblo la Casa del Inca Garcilaso para que en ella se ubicara la biblioteca municipal. Los gremios artesanales quedarían a la sombra tras el auge del sector vitivinícola y bodeguero cuya expansión daría como resultado la elaboración de unos excelentes vinos, por los que la ciudad ha alcanzado fama universal y se ha convertido en el núcleo más significativo de la denominación de origen Montilla-Moriles desde 1944.